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The Death of Klinghoffer en Florencia: Luca Guadagnino frente a una ópera que aún incomoda

La nueva producción de The Death of Klinghoffer, de John Adams, abrió el 88º Festival del Maggio Musicale Fiorentino con dirección musical de Lawrence Renes y puesta en escena de Luca Guadagnino. La crítica publicada hoy por OperaWire destaca que el director italiano consiguió enfrentar una obra históricamente polémica sin recurrir al subrayado ideológico ni a los estereotipos, y que el resultado permitió devolver a la partitura su dimensión humana, moral y teatral.

El 88º Festival del Maggio Musicale Fiorentino se abrió con una decisión artística de fuerte contenido simbólico: presentar The Death of Klinghoffer, de John Adams, en una nueva producción firmada por Luca Guadagnino. No se trataba de un título más dentro de la programación. La ópera, con libreto de Alice Goodman, se estrenó en 1991 en el Théâtre de la Monnaie de Bruselas y desde entonces arrastra una historia de debates, protestas, acusaciones cruzadas y cancelaciones. En Florencia, además, la presentación tenía un carácter particular: era la primera representación de la obra en la ciudad y también la primera vez que una composición de Adams se escuchaba en el Teatro del Maggio.

La obra parte de un hecho real: el secuestro del crucero italiano Achille Lauro en octubre de 1985 por integrantes del Frente de Liberación de Palestina y el asesinato de Leon Klinghoffer, pasajero estadounidense judío, en silla de ruedas, cuyo cuerpo fue arrojado al mar. El episodio tuvo consecuencias diplomáticas de enorme tensión entre Italia y Estados Unidos, incluida la llamada crisis de Sigonella. Pero Adams y Goodman no construyeron una ópera documental en sentido estricto. Organizaron la materia como una meditación dramática sobre la violencia, el exilio, la memoria histórica, el dolor de las víctimas y la imposibilidad de reducir los conflictos a una sola voz.

Esa complejidad explica buena parte de la controversia que ha acompañado a The Death of Klinghoffer. La obra fue acusada en distintos momentos de romantizar el terrorismo, de ofrecer falsas equivalencias morales o, desde el extremo opuesto, de tratar los acontecimientos con sesgo contra la causa palestina. La crítica de OperaWire recuerda justamente esa posición incómoda: Adams y Goodman parecen haber quedado atrapados entre lecturas enfrentadas, porque la ópera se niega a resolver el conflicto mediante una consigna.

El eje del comentario publicado hoy por OperaWire está en la respuesta escénica de Luca Guadagnino. El director, conocido internacionalmente por películas como Call Me by Your Name, I Am Love y Challengers, volvía aquí a la ópera después de más de quince años. Su relación con John Adams no es circunstancial: utilizó música del compositor en I Am Love y ha declarado en varias ocasiones su fascinación por una escritura capaz de unir repetición, acumulación emocional y tensión dramática. En Florencia, su desafío era doble: abordar una obra de enorme dificultad política y, al mismo tiempo, demostrar que su estructura, tantas veces considerada cercana al oratorio, podía adquirir verdadera respiración teatral.

Según OperaWire, Guadagnino logró “romper el bloqueo” que suele rodear la recepción de esta obra mediante una lectura sensible, en la que las dimensiones humanas del drama quedaron enmarcadas por el conflicto histórico y moral, pero sin quedar aplastadas por él. La puesta evitó acentuar identidades religiosas o nacionales más allá de lo imprescindible y rechazó el camino fácil del estereotipo. El asesinato de Klinghoffer apareció como un acto inequívocamente atroz, pero situado dentro de una historia más amplia de guerra, desplazamientos, resentimientos y violencia acumulada.

La elección escénica fue realista: un barco claramente reconocible, con niveles, cubierta, camarotes y espacios interiores que permitían seguir la tensión a bordo del Achille Lauro. Guadagnino, también responsable de la escenografía, articuló así el relato individual de los pasajeros y los secuestradores con los grandes bloques corales de la partitura. Los trajes de Marta Solari buscaron integrarse con discreción a una imagen reconocible de los años ochenta, mientras las luces de Peter van Praet contribuyeron a separar los planos narrativos, simbólicos y corales de la obra.

Un punto central de la reseña es el lugar del coro. En The Death of Klinghoffer, el coro no cumple una función decorativa ni meramente comentadora: es uno de los verdaderos protagonistas de la ópera. Los grandes coros de exiliados palestinos y judíos, así como los pasajes posteriores, introducen una dimensión histórica, filosófica y moral que impide reducir el drama al solo episodio del asesinato. OperaWire destaca la actuación del Coro del Maggio Musicale Fiorentino, preparado por Lorenzo Fratini, tanto por la intensidad expresiva como por la claridad de la dicción inglesa.

La coreografía de Ella Rothschild reforzó ese plano simbólico. Según la crítica, sus intervenciones aportaron ansiedad, desarraigo y una energía corporal que evitó que los grandes bloques corales se volvieran estáticos. Esta observación resulta decisiva: una de las objeciones frecuentes a la ópera de Adams es que su estructura puede parecer más cercana al oratorio que al teatro. La lectura de Guadagnino, en cambio, habría conseguido demostrar que la obra posee una teatralidad propia, siempre que la escena sepa articular la abstracción coral con la violencia concreta del relato.

La dirección musical estuvo a cargo de Lawrence Renes, director maltés-neerlandés especialmente asociado con la música de John Adams. Su trayectoria incluye una relación sostenida con el repertorio contemporáneo y, en particular, con títulos de Adams como Doctor Atomic. En Florencia hizo su debut en el Maggio al frente de esta nueva producción. OperaWire valoró la sensibilidad dramática de su lectura, la precisión con que sincronizó a la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino con la escena y la capacidad para administrar tensión, impulso y textura orquestal a lo largo de los dos actos.

El elenco reunió intérpretes de sólida trayectoria internacional. Laurent Naouri, bajo-barítono francés, asumió la parte de Leon Klinghoffer. Su carrera lo ha llevado a teatros como la Opéra de Paris, el Metropolitan Opera, el Royal Opera House, el Teatro alla Scala, el Festival de Salzburgo y el Teatro Real, con un repertorio que abarca desde Mozart y Offenbach hasta Debussy y la ópera contemporánea. Para la temporada 2025/2026, su agencia destacaba precisamente su participación en The Death of Klinghoffer en Florencia, junto a compromisos como Capulet en Roméo et Juliette, Arkel en Pelléas et Mélisande y William Crusoé en Robinson Crusoé.

OperaWire subraya que Naouri supo transmitir a la vez el miedo y el coraje de Klinghoffer. Su personaje no apareció como una figura abstracta de víctima, sino como un hombre que conserva una dignidad exterior mientras el terror avanza por debajo. La reseña destaca especialmente su interpretación del soliloquio “The Falling Body”, uno de los momentos más duros y poéticos de la obra, donde la muerte física se transforma en imagen, pensamiento y materia musical.

Susan Bullock interpretó a Marilyn Klinghoffer. La soprano británica posee una extensa carrera en el repertorio dramático y ha sido una de las grandes intérpretes wagnerianas de su generación. Su Brünnhilde marcó historia en el Royal Opera House, donde fue la primera soprano en cantar cuatro ciclos consecutivos de Der Ring des Nibelungen bajo la dirección de Antonio Pappano. También ha cantado en Viena, Berlín, Frankfurt, Tokio, Lisboa, Lyon, Buenos Aires (Colón, The Consul, 1999) y otros grandes escenarios, y en los últimos años ha orientado parte de su actividad hacia repertorios contemporáneos y proyectos de fuerte exigencia teatral.

En Florencia, Bullock fue, según OperaWire, una Marilyn Klinghoffer profundamente conmovedora. La crítica señala que cierta fragilidad vocal, lejos de debilitar la interpretación, contribuyó a expresar la devastación emocional del personaje, especialmente en el monólogo final. Ese cierre es uno de los momentos más desoladores de la ópera: Marilyn no solo llora la muerte de su marido, sino que confronta el vacío moral de una violencia que ha destruido una vida concreta en nombre de fuerzas históricas que pretenden explicarlo todo.

El Capitán del Achille Lauro fue interpretado por Daniel Okulitch, bajo-barítono canadiense conocido por su presencia escénica y por una carrera que combina Mozart, repertorio contemporáneo y estrenos mundiales. Ha cantado partes como Don Giovanni (Colón, Don Giovanni, 2010), el Conde Almaviva y Figaro en teatros de América y Europa, y también ha intervenido en óperas contemporáneas como Brokeback Mountain, The Fly, JFK y The Golden Ticket. En la crítica de OperaWire aparece como un capitán fuerte, autoritativo y moralmente correcto, capaz de sostener sus monólogos con una mezcla de reflexión, pensamiento y coraje.

La galería de secuestradores recibió un tratamiento especialmente cuidado. Roy Cornelius Smith (Colón, 8º Mahler, 2024) fue Molqi, presentado como un idealista feroz y práctico; Joshua Bloom asumió Rambo, figura atravesada por una violencia más inmediata y agresiva; Levent Bakirci dio a Mamoud una dimensión reflexiva, idealista y humana; y Marvic Monreal construyó una Yazmir de perfiles más complejos, comprometida con su causa pero no ajena a la compasión. En ese punto, la crítica insistió en que la puesta no recurrió a caricaturas ni a movimientos prefabricados: cada figura apareció como una presencia viva, ambigua y teatralmente definida.

También tuvieron relieve Marina Comparato, en las partes de la abuela suiza y la mujer austríaca; Andreas Mattersberger, como el primer oficial; y Janetka Ho?co, como la muchacha británica que baila. Comparato, mezzosoprano nacida en Perugia y florentina por adopción, tiene una carrera que incluye escenarios como La Scala, la Opéra national de Paris, el Liceu, La Monnaie, el Teatro dell’Opera di Roma, De Nationale Opera, Glyndebourne y Salzburgo. Su doble caracterización fue destacada por OperaWire por la claridad con que diferenció ambos perfiles.

La importancia de esta presentación excede el interés de una nueva producción. El Maggio Musicale Fiorentino asumió el riesgo de abrir su festival con una obra contemporánea, rara, incómoda y todavía atravesada por heridas políticas abiertas. El propio teatro había señalado que la elección renovaba una tradición del festival: inaugurar con títulos contemporáneos, infrecuentes y de fuerte impacto social. En un momento en que buena parte de las instituciones líricas tienden a refugiarse en repertorios más seguros, Florencia eligió colocar en el centro una pieza que obliga al público a escuchar aquello que preferiría simplificar.

The Death of Klinghoffer no es una ópera cómoda y probablemente nunca deba serlo. Su fuerza reside precisamente en la imposibilidad de ofrecer consuelo inmediato. La producción de Luca Guadagnino, según la lectura de OperaWire, consiguió evitar tanto la neutralización estética como el panfleto. Mostró el crimen como crimen, el dolor como dolor y la historia como una maquinaria demasiado grande para ser explicada por una sola voz. En esa tensión entre tragedia personal y conflicto colectivo, la ópera de John Adams volvió a demostrar que el teatro musical contemporáneo todavía puede ocupar un lugar de riesgo: no para dictar sentencia, sino para obligarnos a mirar.

Fuente

Maggio Musicale Fiorentino 2025-26 Review: The Death Of Klinghoffer
The Death of Klinghoffer
Opening of the 88th Festival of the Maggio with “The Death of Klinghoffer” by John Adams
‘They said: You’re out of your mind’: Luca Guadagnino on directing controversial opera The Death of Klinghoffer
Laurent Naouri
Susan Bullock
Lawrence Renes
Daniel Okulitch
Marina Comparato

Víctor Fernández
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