Tosca llega por primera vez a Glyndebourne con una lectura de sangre, poder y violencia política
La nueva producción de Ted Huffman, con dirección musical de Robin Ticciati, abrió el Festival de Glyndebourne 2026 con un hecho histórico para la casa: la primera presentación de Tosca en sus más de nueve décadas de actividad. La crítica de The Times destacó la audacia de la puesta, situada en una Italia de resonancias fascistas, y el peso musical del trío integrado por Caitlin Gotimer, Matteo Lippi y Vladislav Sulimsky.
La apertura del Festival de Glyndebourne 2026 tuvo este año un valor especial: por primera vez en su historia, la célebre casa británica presentó Tosca, de Giacomo Puccini. El dato resulta llamativo si se piensa que se trata de una de las óperas más populares del repertorio internacional, estrenada en Roma en 1900 y convertida desde entonces en presencia habitual de los grandes teatros líricos. Para Glyndebourne, institución nacida en 1934 y asociada durante décadas a una idea de refinamiento musical, escala íntima y cuidado escénico, la llegada de este título supone algo más que una novedad de programación: marca la incorporación de uno de los grandes dramas políticos, amorosos y sacrificiales de la ópera italiana a un espacio que modifica necesariamente su percepción teatral.
La producción fue confiada a Ted Huffman, director estadounidense que hace su debut en el escenario principal de Glyndebourne y que desde enero de 2026 ocupa la dirección general del Festival de Aix-en-Provence. Su lectura desplaza la acción hacia una Italia de atmósfera fascista, con referencias al neorrealismo cinematográfico y, en particular, a Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini. La propuesta no busca convertir Tosca en una pieza de museo, sino volver a colocar en primer plano aquello que la obra siempre tuvo de radiografía del abuso de poder: la vigilancia, la tortura, la complicidad social, el miedo y la resistencia.
Según la crítica publicada por The Times, uno de los gestos más fuertes de la puesta aparece en el segundo acto. El espacio de Scarpia deja de ser el palacio de poder tradicional para convertirse en un restaurante italiano donde la elite come y bebe mientras Cavaradossi es torturado en la cocina. La imagen resume con eficacia brutal la idea central de la producción: la violencia política no se sostiene solo por quienes la ejercen, sino también por quienes la toleran, la naturalizan o prefieren seguir cenando mientras ocurre a pocos metros.
La reseña de The Times reconoce que algunas decisiones escénicas pueden resultar discutibles, sobre todo para quienes esperan la geografía romana habitual de Tosca: la iglesia de Sant’Andrea della Valle, el Palazzo Farnese y el Castel Sant’Angelo. Pero también subraya que la audacia teatral de Huffman encuentra un sostén decisivo en el plano musical. Allí aparece el verdadero centro de la noche: la dirección de Robin Ticciati al frente de la London Philharmonic Orchestra. Glyndebourne había anunciado esta Tosca como la primera ópera de Puccini dirigida por Ticciati en su condición de director musical del festival, lo que añade otro elemento de interés a la presentación.
El elenco de la primera serie estuvo encabezado por Caitlin Gotimer como Floria Tosca, Matteo Lippi como Mario Cavaradossi y Vladislav Sulimsky como el barón Scarpia. Gotimer, soprano estadounidense, llega a Glyndebourne en una etapa de afirmación internacional y con Tosca ya incorporada como una de sus partes centrales. En la temporada 2025/2026, además de este compromiso, su agenda incluye Nedda en Pagliacci en la Royal Danish Opera, Cio-Cio San en Madama Butterfly con North Carolina Opera y la cobertura de Mimì en La bohème en el Metropolitan Opera.
Matteo Lippi, tenor nacido en Génova, aporta a Cavaradossi una carrera construida sobre el repertorio italiano. Formado también en la CUBEC-Accademia di Belcanto de Módena bajo la guía de Mirella Freni, ganó una beca para estudiar en esa institución y desarrolló luego una trayectoria que lo llevó a escenarios europeos de relieve. Su repertorio incluye partes puccinianas y verdianas como Rodolfo en La bohème, Pinkerton en Madama Butterfly, Alfredo en La traviata, el Duque de Mantua en Rigoletto y Cavaradossi en Tosca.
El Scarpia de Vladislav Sulimsky suma otra densidad dramática a la propuesta. Barítono nacido en Bielorrusia, ganó en 2002 el Concurso Internacional Rimsky-Korsakov de San Petersburgo y desde 2004 es solista del Teatro Mariinsky. Su repertorio incluye partes de gran peso teatral como los protagonistas de Eugene Onegin, Simon Boccanegra, Rigoletto, Macbeth y Gianni Schicchi, además de Posa en Don Carlo, Ford en Falstaff, Enrico en Lucia di Lammermoor y Germont en La traviata.
La crítica de The Times valoró especialmente la fuerza vocal de Matteo Lippi, la entrega expresiva de Caitlin Gotimer y el perfil sombrío y sardónico del Scarpia de Vladislav Sulimsky, aunque señaló que al personaje podía faltarle una dosis mayor de amenaza. El balance, sin embargo, fue claramente favorable: cuatro estrellas para una producción que, aun desde la controversia, consiguió abrir el festival con un fuerte impacto teatral y musical.
La importancia de esta Tosca reside también en el diálogo entre la obra y el propio espacio de Glyndebourne. Huffman había señalado, en declaraciones previas, que asociaba Tosca con teatros de gran escala, como el Royal Opera House o el Metropolitan Opera, y que llevarla a un ámbito más íntimo permitía hacer visibles pequeños gestos, conversaciones laterales y detalles narrativos que en salas mayores suelen necesitar una proyección más enfática. Esa cercanía puede transformar la ópera de Puccini en otra experiencia: menos monumental, quizá, pero más incómoda, más concentrada y más física.
Después de más de noventa años de historia, Glyndebourne incorpora finalmente Tosca no como título complaciente ni como pieza de repertorio convencional, sino como una pregunta abierta sobre el poder, el miedo y la responsabilidad de mirar. La obra de Puccini, tantas veces acusada de exceso melodramático y tantas otras defendida por su irresistible eficacia teatral, demuestra una vez más su capacidad de sobrevivir a las modas, a las sospechas críticas y a las lecturas más diversas. En esta nueva producción, la diva, el pintor y el jefe de policía vuelven a encontrarse en un mundo donde la belleza convive con la brutalidad, y donde el canto todavía puede revelar lo que una sociedad prefiere callar.
Fuentes
Tosca review — it’s murder with spaghetti in Glyndebourne’s new Puccini
Festival 2026 announcement
A brief history of Glyndebourne
Ted Huffman appointed General Director of the Festival d’Aix-en-Provence from January 1, 2026
Caitlin Gotimer
Matteo Lippi
Vladislav Sulimsky
Víctor Fernández www.avantialui.org © 22/05/2026