Billy Budd del Teatro Colón: un premio que proyecta a la lírica argentina
La nueva producción de la ópera de Benjamin Britten, estrenada en 2025 en el Teatro Colón, recibió el Premio a la Mejor Nueva Producción Latinoamericana de los Premios Ópera XXI, en colaboración con Ópera Latinoamérica. El reconocimiento distingue una realización de alto impacto musical, escénico e institucional, encabezada por Marcelo Lombardero y Erik Nielsen.
La producción de Billy Budd, de Benjamin Britten, realizada por el Teatro Colón, acaba de recibir un reconocimiento de especial relevancia para la lírica argentina: el Premio a la Mejor Nueva Producción Latinoamericana, otorgado por Ópera XXI en colaboración con Ópera Latinoamérica. La distinción fue anunciada por la asamblea de Ópera XXI y entregada en el marco de la octava edición de sus premios, cuya gala tuvo lugar el 15 de mayo de 2026 en el Gran Teatre del Liceu, de Barcelona.
El galardón tiene una importancia que excede el hecho puntual de una premiación. Los Premios Ópera XXI reconocen cada temporada distintos aspectos de la actividad lírica —dirección musical, dirección de escena, canto, producción, diseño, creación contemporánea y difusión— y constituyen una referencia significativa dentro del ámbito operístico español. En ese contexto, la categoría latinoamericana, otorgada junto con OLA, abre una ventana de visibilidad para las producciones del continente y coloca al Teatro Colón en diálogo con el circuito internacional de teatros, festivales, críticos y gestores culturales.
Estrenada en julio de 2025, la producción distinguida reunió dirección musical de Erik Nielsen y dirección escénica de Marcelo Lombardero. Ópera Latinoamérica destacó el equilibrio entre riqueza tímbrica y tensión dramática, así como una puesta sobria y sugerente capaz de profundizar en la ambigüedad moral de la obra. También subrayó la intensidad expresiva del elenco vocal y el aporte del Coro del Teatro Colón, elementos decisivos para construir la atmósfera cerrada y opresiva que exige esta ópera.
Billy Budd ocupa un lugar singular dentro del catálogo de Benjamin Britten. Compuesta en 1951, con libreto en inglés de Edward Morgan Forster y Eric Crozier, la ópera se basa en la novela homónima de Herman Melville. Su mundo dramático, ambientado en un buque de guerra británico, convierte el espacio cerrado de la nave en un laboratorio moral: autoridad, obediencia, deseo reprimido, violencia institucional, inocencia y culpa se cruzan en una partitura de enorme densidad teatral. La página oficial del Teatro Colón la presentó como una ópera en dos actos y como una nueva producción del teatro.
El premio reconoce, en primer lugar, la tarea de Marcelo Lombardero, una de las figuras argentinas de mayor proyección internacional en la dirección escénica de ópera. Actualmente director artístico de la Compañía Nacional de Ópera de México y del Estudio Ópera de Bellas Artes, Lombardero ha desarrollado producciones en numerosos teatros de Europa y América, con títulos como Tristán e Isolda, Tosca, La clemenza di Tito, Don Giovanni, The Rake’s Progress, Ariadne auf Naxos y El oro del Rin. En Billy Budd, su lectura parece haber encontrado un punto de equilibrio especialmente eficaz: austeridad visual, concentración dramática y una mirada atenta a la ambigüedad moral de los personajes.
La dimensión musical estuvo a cargo de Erik Nielsen, director estadounidense de amplia trayectoria europea. Fue director principal de la Orquesta Sinfónica de Bilbao entre 2015 y 2024, director musical del Tiroler Festspiele Erl entre 2022 y 2024, director musical del Teatro de Basilea entre 2016 y 2018, y maestro de capilla de la Ópera de Fráncfort entre 2008 y 2012. Formado en el Curtis Institute of Music y en la Juilliard School, Nielsen aportó a la producción una experiencia especialmente valiosa para una partitura que exige precisión orquestal, control del clima dramático y sentido de construcción narrativa.
El equipo creativo también reunió nombres de peso. La escenografía fue de Diego Siliano, artista con trabajos para teatros como Montecarlo, Praga, Poznan, Letonia, Niza, el Palacio de Bellas Artes de México, Seattle, Bogotá, Río de Janeiro y Santiago de Chile. El vestuario correspondió a Luciana Gutman, con una labor extensa en ópera, danza, teatro de prosa y medios audiovisuales, y presencia en los principales teatros argentinos. La iluminación fue de José Luis Fiorruccio, con más de cincuenta óperas y ballets en su trayectoria y colaboraciones con escenarios como el Teatro alla Scala de Milán, el Teatro Real de Madrid, la Ópera de Bergen y los teatros municipales de Santiago de Chile y Río de Janeiro.
La producción tuvo además un componente coral decisivo. En Billy Budd, el coro no funciona como simple masa sonora, sino como parte estructural de la dramaturgia: representa la tripulación, la presión colectiva, el encierro y la tensión latente dentro del barco. El Coro del Teatro Colón fue preparado por Miguel Martínez, quien ocupa la dirección del organismo desde 2013 y anteriormente fue asistente y subdirector del mismo cuerpo desde 1994. Su experiencia, que incluye también la dirección del Coro Estable del Teatro Argentino de La Plata y del Teatro Massimo de Palermo, resulta especialmente significativa en una ópera donde el entramado coral sostiene buena parte del clima dramático.
El elenco alternó intérpretes internacionales y argentinos de sólida carrera. Como Capitán Edward Vere participaron Toby Spence y Stephen Costello. Spence ha cantado papeles protagónicos en el Metropolitan Opera, el Teatro Real, el Liceu, las óperas de Viena, Hamburgo, París, Roma, Baviera, Fráncfort y San Francisco, y es figura habitual de la Royal Opera House de Londres. Costello, por su parte, debutó en el Metropolitan Opera en 2007 y desarrolló una carrera con presencia en la Royal Opera House, la Deutsche Oper de Berlín, Viena, París, Chicago, Hamburgo, San Francisco, Dresde, Washington, Barcelona, el Teatro Bolshoi, la Lyric Opera of Chicago y la Arena de Verona.
El papel de Billy Budd fue asumido por John Chest y Sean Michael Plumb. Chest ya había interpretado el rol protagónico en la Deutsche Oper de Berlín y en la Ópera de San Francisco, además de abordar personajes como Figaro, Rodrigo, Pelléas, Albert y Valentín en teatros europeos de primer nivel. Plumb, figura habitual de los grandes escenarios internacionales, incluye en su repertorio papeles como Figaro, Papageno, Marcello, Schaunard, Dandini y el Joven Galileo de la ópera de Philip Glass, con recientes regresos al Metropolitan Opera.
El oscuro John Claggart, uno de los personajes más perturbadores de la obra, fue interpretado por Hernán Iturralde y David Leigh. Iturralde, bajo-barítono argentino de trayectoria internacional, se presentó en teatros y salas de Alemania, Francia, España, Estados Unidos y Latinoamérica, e integró durante una década los ensambles solistas de las óperas de Giessen, Leipzig y Stuttgart. Leigh, reciente graduado del Lindemann Young Artist Development Program del Metropolitan Opera, ya asumió roles de gran exigencia como Hagen, Marke, Rocco, Colline y el Comendador en teatros de Zúrich, Santa Fe, Washington, Múnich y Canadá.
Entre los restantes intérpretes se destacaron Alejandro Spies y Felipe Carelli como Mr. Redburn, Fernando Radó como Mr. Flint, Homero Pérez Miranda y Francisco Salgado Bustamante como el teniente Ratcliffe, además de Pablo Urban, Sebastián Angulegui, Leonardo Estévez, Santiago Martínez, Gonzalo Araya, Luciano Garay, Gustavo Gibert, Mario De Salvo, Mauricio Meren, Andrés Cofré y otros artistas argentinos. Esa combinación entre invitados internacionales y una importante presencia local refuerza uno de los valores de la producción: el premio no sólo reconoce una importación de prestigio, sino una realización articulada desde el propio Teatro Colón.
Por eso, la distinción a Billy Budd debe leerse como una noticia artística e institucional. Para el Teatro Colón, significa que una nueva producción propia puede ser evaluada y reconocida en un marco internacional. Para la lírica argentina, confirma que el país conserva equipos técnicos, cuerpos estables, artistas y directores capaces de intervenir en el repertorio del siglo XX con una mirada contemporánea. Y para el público, recuerda que el prestigio de un teatro no depende sólo de su historia, sino de su capacidad para generar presente.
En un momento en que los teatros compiten por visibilidad global, circulan por registros audiovisuales, plataformas digitales, prensa especializada y redes profesionales, este premio funciona también como una forma de circulación simbólica. Billy Budd no sólo fue una producción del Teatro Colón: desde ahora, es una producción premiada fuera de la Argentina, reconocida por su densidad musical, su lectura escénica y el trabajo colectivo de sus cuerpos artísticos. Allí reside su verdadera importancia: no en el brillo protocolar del galardón, sino en la confirmación de que una realización nacida en Buenos Aires puede dialogar de igual a igual con el mapa internacional de la ópera.
Víctor Fernández
www.avantialui.org © 2026