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Apostillas para el fin de semana

Tres noticias recientes permiten mirar, desde ángulos muy distintos, algunas tensiones actuales de la escena internacional: la búsqueda de nuevos públicos para la ópera contemporánea, la creciente presencia del español en los grandes teatros y la revisión de tradiciones escénicas que hasta hace poco parecían intocables.

La actualidad musical internacional deja, para este fin de semana, tres apostillas especialmente sugerentes. No pertenecen al mismo género, ni al mismo continente, ni al mismo tipo de discusión artística, pero juntas ofrecen una pequeña radiografía del presente: la ópera que busca nuevas sedes y nuevos públicos, la cultura latinoamericana que ingresa con fuerza simbólica al Metropolitan Opera y el ballet que revisa sus viejas costumbres a la luz de nuevas sensibilidades.

La primera señal llega desde Manchester, donde English National Opera concretó su debut en la ciudad con Angel's Bone, de Du Yun y Royce Vavrek, una obra ganadora del Premio Pulitzer que aborda, desde una alegoría dura, el tema de la trata de personas. La producción, dirigida por Kip Williams y presentada en Aviva Studios, fue leída por The Guardian como un comienzo audaz para la nueva etapa de la ENO fuera de Londres, en colaboración con Factory International y la BBC Philharmonic Orchestra. La crítica destacó la potencia musical y visual de la propuesta, aunque también señaló problemas de visibilidad derivados del dispositivo escénico.

El dato excede la crítica puntual. English National Opera, obligada en los últimos años a repensar su lugar institucional tras los cambios de financiamiento y su desplazamiento parcial fuera de Londres, eligió para su carta de presentación en Manchester una ópera contemporánea, incómoda, de lenguaje híbrido y asunto socialmente urgente. No es una decisión menor: en vez de buscar refugio en un título de repertorio seguro, la compañía apostó por una obra que interroga al público y al propio sistema teatral. En ese gesto hay riesgo, pero también una definición de identidad.

La segunda apostilla lleva al Metropolitan Opera, donde se presenta El último sueño de Frida y Diego, de Gabriela Lena Frank, con libreto de Nilo Cruz. La ópera, cantada en español, imagina el reencuentro de Frida Kahlo y Diego Rivera durante el Día de Muertos, en una lectura atravesada por el realismo mágico y por una inversión del mito de Orfeo y Eurídice. Isabel Leonard interpreta a Frida y Carlos Álvarez a Diego, con dirección musical de Yannick Nézet-Séguin en la mayoría de las funciones.

Aquí el interés no reside solamente en la celebridad de sus personajes. La presencia de una ópera en español en el Met, con una historia ligada al imaginario mexicano y a dos figuras centrales del arte latinoamericano del siglo XX, marca un punto de especial resonancia cultural. La página oficial del teatro presenta la obra como una nueva producción y subraya el debut de Gabriela Lena Frank en el Met con su primera ópera. Además, la transmisión Live in HD del 30 de mayo amplifica el alcance de una obra que puede encontrar eco más allá del público habitual de Nueva York.

La tercera apostilla pertenece al mundo del ballet, aunque habla también de teatro, tradición y sensibilidad contemporánea. Royal Ballet and Opera decidió poner fin al uso de animales vivos en sus producciones escénicas. Según informó The Times, la medida afecta, entre otros casos, a La Fille mal gardée, de Frederick Ashton, donde el tradicional pony será reemplazado por un autómata de madera realizado por el departamento de utilería de la institución.

El gesto tiene algo de pequeño terremoto doméstico. La Fille mal gardée es uno de esos ballets donde la gracia rural, el humor coreográfico y la presencia de animales formaban parte de una imagen casi idealizada de la tradición británica. Pero el teatro cambia con la sociedad que lo mira. Donde antes el encanto de un pony en escena podía parecer simplemente pintoresco, hoy aparecen preguntas sobre bienestar animal, estrés, protocolos y necesidad artística. La solución del autómata no elimina la tradición: la traduce a otro lenguaje.

Las tres noticias, reunidas, permiten ver que la escena internacional no se mueve sólo por grandes estrenos, divos o aniversarios. También avanza por desplazamientos más sutiles: una compañía que redefine su geografía, un gran teatro que incorpora con fuerza una lengua y una sensibilidad latinoamericanas, una institución histórica que revisa los límites de sus prácticas escénicas. En esa suma de decisiones aparece una pregunta común: cómo conservar el poder del teatro musical sin quedar preso de sus inercias.

Quizás por eso estas apostillas de fin de semana no hablan únicamente de programación. Hablan de adaptación. La ópera y el ballet siguen midiendo su vitalidad no sólo por la perfección de una función, sino por su capacidad de discutir el presente: dónde se presentan, en qué lengua cantan, qué historias eligen contar y qué costumbres están dispuestos a abandonar para seguir vivos.

 

Víctor Fernández
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