Les Ballets Trockadero de Monte Carlo: la compañía de ballet paródico que siempre está en puntas
Sadler’s Wells, Londres
Hombres con tutús y zapatillas de punta, que aman y parodian al mismo tiempo su arte, nunca pasan de moda: la propuesta es a la vez simple y muy sofisticada.
Según cómo se lo mire, la compañía drag Les Ballets Trockadero de Monte Carlo —los Trocks, como se los conoce habitualmente— ofrece un camp desenfadado, una broma interna para fanáticos de la danza o una pregunta existencial sobre la naturaleza misma del ballet y de la belleza. La agrupación, cuyo nombre formal resulta deliberadamente ampuloso, está activa desde 1974: cinco décadas durante las cuales la percepción del drag y del género se ha transformado profundamente. Integrada por catorce bailarines varones —o, como suele decirse ahora, una compañía que subvierte las categorías de género—, se presenta con tutús, zapatillas de punta y maquillaje escénico, y aborda sobre todo fragmentos del repertorio clásico: El lago de los cisnes, Paquita y otros títulos afines.
Lo hace con una mezcla de comedia física, exagerada hasta el extremo, y un amor y conocimiento profundos de la forma artística que parodia. El resultado es amplio y sutil a la vez: un ejercicio de equilibrio entre lo deliberadamente grotesco y lo refinado, que imita y satiriza el ideal de la bailarina clásica. Se burla de los lugares comunes del ballet, pero al mismo tiempo ejecuta fouettés, arabesques y pasajes de allegro en puntas. Las proezas técnicas resultan, de algún modo, más impresionantes porque quienes las realizan no parecen bailarinas de otro mundo, sino cuerpos reales, diversos, con sus imperfecciones. Es un recordatorio de cuán difícil es todo esto y de lo excepcional que resulta la voluntad de hacerlo. Por eso el público termina alentándolos.
Pero, en definitiva, ¿qué es la perfección? ¿Por qué un cuerpo sería “correcto” para el ballet y otro no? ¿Por qué un ángulo o una proporción se consideran agradables? ¿Cuánto hay de belleza “innata” y cuánto de convención cultural? El fabuloso Takaomi Yoshino, un verdadero prodigio técnico, quizá sea quien más se acerca a la figura clásica de una bailarina. Pero uno de los intérpretes más altos y menos tradicionalmente “femeninos”, Andrea Fabbri, con anteojos de marco cat-eye junto a su tutú, se mueve con tal ímpetu y elegancia que resulta un auténtico placer verlo.
Los Trocks también presentan obras nuevas. Metal Garden, de Séan Curran, es una parodia de ballet contemporáneo, con Lycra y pelucas rizadas, de una comicidad aparentemente effortless. No hace falta saber de danza para disfrutarla: todos podemos reconocer patrones visuales y códigos sociales, y reír cuando son alterados. Pero la pieza también invita a pensar por qué miramos danza, qué cualidades buscamos en ella y qué extrañas actividades el ser humano decide abrazar, disfrutar y cargar de sentido. Todo parece muy simple y, al mismo tiempo, muy sofisticado. Por eso los Trocks han perdurado tanto tiempo. Funcionan como pantomima, pero también como mucho más que eso.
La función reseñada tuvo lugar en Sadler’s Wells, Londres, el 6 de mayo. Luego, la compañía continúa de gira hasta el 24 de junio.
Créditos
Texto basado en la crítica “Les Ballets Trockadero de Monte Carlo review – slapstick ballet troupe is always on pointe”, de Lyndsey Winship, publicada en The Guardian el 6 de mayo de 2026.
Fuente: The Guardian
Víctor Fernández
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