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Beatrice Venezi: una batuta entre el Teatro Colón, La Fenice y la política italiana

La directora italiana fue construyendo en Buenos Aires una relación cada vez más estrecha con los cuerpos estables del Teatro Colón, mientras en Venecia su designación como directora musical de La Fenice abría una crisis marcada por cuestionamientos artísticos, sindicales y políticos. Sus declaraciones a La Nación precipitaron el desenlace, pero el conflicto venía de lejos.
 
El caso Beatrice Venezi quedó atravesado por una paradoja: mientras en Buenos Aires su presencia en el Teatro Colón parecía consolidarse función tras función, en Venecia su desembarco en La Fenice se convertía en una crisis institucional cada vez más difícil de contener. La ruptura final entre la Fundación Teatro La Fenice y la directora italiana no nació de un episodio aislado, aunque encontró su detonante inmediato en una entrevista concedida durante su paso por la Argentina. Allí, Venezi habló de la resistencia que despertaba su designación en el teatro veneciano y afirmó que en la orquesta los puestos se pasaban “prácticamente de padres a hijos”, una frase que provocó la reacción inmediata de los trabajadores y terminó precipitando la cancelación de toda colaboración futura.
 
La relación de Venezi con el Teatro Colón, en cambio, se había ido construyendo de manera progresiva. El primer antecedente aparece en 2020, cuando fue convocada para dirigir a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en la Usina del Arte, dentro del ciclo de abono de la agrupación fuera de la sala principal. Aquel programa, con Sebastián Tozzolla como solista en clarinete bajo, incluía obras de Sebastián Tozzolla, Fernando Lerman y Jean Sibelius, y puede leerse como el punto inicial de un vínculo que todavía no tenía la visibilidad que alcanzaría años después.
 
El salto verdaderamente significativo llegó en 2024 con Turandot. La reposición de la ópera de Giacomo Puccini, con puesta concebida por Roberto Oswald, reunió a la Orquesta Estable, el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón. Venezi asumió la dirección musical de esa producción, en un elenco encabezado por Anastasia Boldyreva, Jorge Puerta, Marina Silva y Christian Peregrino. Fue su entrada de mayor peso en la temporada lírica del teatro y el comienzo de una continuidad que se intensificaría al año siguiente.
 
En 2025 esa presencia se volvió más densa. Primero, con Il trittico, de Puccini, producción del Teatro Colón integrada por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi. Venezi dirigió las funciones del 2, 4, 7 y 8, mientras Carlos Vieu asumió las del 9, 11 y 13. La producción, con dirección de escena de Pier Francesco Maestrini, escenografía y video de Nicolás Boni, vestuario de Stefania Scaraggi e iluminación de Daniele Naldi, volvió a colocarla frente a la Orquesta Estable y el Coro Estable, dirigido por Miguel Martínez.
 
Más tarde, también en 2025, fue convocada para La traviata, nueva producción del Teatro Colón con dirección de escena de Emilio Sagi, escenografía de Daniel Bianco, vestuario de Renata Schussheim e iluminación de Eduardo Bravo. La dirección musical fue compartida con Renato Palumbo: Palumbo dirigió las funciones del 18, 20, 23, 25 y 28, y Venezi las del 19, 21, 26 y 29. En una temporada especialmente significativa para el repertorio italiano, su nombre aparecía ya asociado a títulos centrales de Puccini y Verdi.
 
La consolidación no se limitó al repertorio operístico. En 2025 Venezi fue elegida para dirigir la Gran gala sinfónico-coral por los 100 años de la Orquesta Estable y el Coro Estable del Teatro Colón, una celebración institucional de fuerte valor simbólico. El programa reunió la cantata Alexander Nevsky, de Serguéi Prokófiev, con fragmentos de Giuseppe Verdi, Pietro Mascagni, Charles Gounod y Giacomo Puccini, y contó con Guadalupe Barrientos como mezzosoprano solista y Miguel Martínez al frente del Coro Estable.
 
Esa misma línea de proyección institucional se extendió al espacio público con el Concierto lírico 100 años, presentado en el Anfiteatro del Parque Centenario dentro de las actividades de extensión del Teatro Colón. El programa volvió a reunir a la Orquesta Estable y al Coro Estable bajo la dirección de Venezi, con un repertorio centrado en Gioachino Rossini, Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Pietro Mascagni y Charles Gounod. Ese dato no es menor: muestra que la relación con la directora no se limitaba a funciones de abono, sino que también alcanzaba celebraciones institucionales y conciertos de llegada más amplia.
 
En 2026, la relación alcanzó su punto de mayor exposición con la apertura de la temporada lírica del Teatro Colón: la nueva producción de I pagliacci y Cavalleria rusticana, con dirección escénica, escenografía, vestuario e iluminación de Hugo de Ana, coreografía y asistencia de dirección escénica de Michele Cosentino, ambientación de Claudia Vega y video de Martín Ruíz. Venezi dirigió las funciones del 14, 15, 16, 19, 21, 22 y 24 de abril, mientras Marcelo Ayub tuvo a su cargo las del 18 y 23. La producción involucró nuevamente a la Orquesta Estable, el Coro Estable y el Coro de Niños, dirigido por Mariana Rewerski.
 
A ese itinerario se suma otro dato revelador: el Teatro Colón la incorporó en su estructura institucional como Directora invitada residente. No aparece, en las fuentes públicas consultadas, una explicación administrativa específica del Teatro Colón sobre las razones de su contratación. Sin embargo, a partir de los antecedentes puede reconstruirse una lógica: Venezi fue presentada como una directora con experiencia internacional, especialmente vinculada al repertorio italiano, y su presencia se fue afirmando por reiteración de compromisos, por el trabajo con los cuerpos estables, por actividades de proyección pública y por su participación en instancias formativas.
 
Mientras tanto, en Italia, el panorama era muy distinto. En septiembre de 2025, La Fenice anunció la designación de Beatrice Venezi como directora musical. Según el comunicado oficial, asumiría formalmente en octubre de 2026, con mandato hasta marzo de 2030. El texto presentaba la elección como un aporte de profesionalidad, visibilidad internacional, energía y renovación, y destacaba el valor simbólico de que una mujer llegara a una función de esa jerarquía en un gran teatro lírico.
 
El respaldo político fue inmediato. El Ministro italiano de Cultura, Alessandro Giuli, saludó públicamente la designación, la calificó de “meritadísima” y felicitó a Nicola Colabianchi, máximo responsable de La Fenice, por una elección que definió como “lungimirante”. Ese apoyo inicial, lejos de cerrar la discusión, reforzó la lectura política de quienes veían en Venezi una figura cercana al gobierno de Giorgia Meloni.
 
La propia directora abordó esa cercanía durante su entrevista argentina. Consultada por su relación con Meloni, sostuvo que su apoyo había sido “de mujer a mujer, de amiga a amiga”, y no político. También afirmó no haber hecho política ni estar interesada en ella. Pero el dato de su paso como asesora musical del Ministerio de Cultura italiano y la percepción de afinidad con el gobierno ya formaban parte del contexto en que se leía su designación veneciana.
 
La resistencia interna en La Fenice fue rápida y persistente. Trabajadores y músicos cuestionaron el método de la designación, el perfil artístico elegido y la eventual influencia política en el nombramiento. La prensa internacional señaló que las críticas apuntaban a la transparencia del proceso, a la experiencia de Venezi para un cargo de esa magnitud y a su cercanía con el gobierno de Meloni. La controversia incluyó protestas, huelgas y manifestaciones públicas de rechazo.
 
En marzo de 2026, lejos de apaciguarse, la crisis sumó una nueva vuelta. La Fenice confirmó el nombramiento pese a las protestas de los trabajadores, lo que volvió a dejar a la vista la fractura interna. Ese intento de sostener la designación no logró reconstruir la confianza entre la futura directora musical y los cuerpos artísticos del teatro.
 
La entrevista publicada por La Nación en Buenos Aires terminó de encender la crisis. Venezi llegó al Teatro Colón para dirigir funciones de I pagliacci y Cavalleria rusticana, y en ese contexto habló de su amor por Buenos Aires, de su relación con los cuerpos estables del Colón y de la polémica en La Fenice. Allí sostuvo que no tenía “padrinos”, que no provenía de una familia de músicos y que en la orquesta veneciana los puestos se transmitían “prácticamente de padres a hijos”.
 
La reacción sindical fue inmediata. La representación de los trabajadores de La Fenice calificó esas declaraciones como graves, falsas y ofensivas, y defendió que los profesores de la orquesta habían sido seleccionados mediante concursos públicos internacionales. Para los trabajadores, esas palabras no solo dañaban la dignidad profesional de los músicos, sino que volvían incompatible la construcción de una relación de confianza entre la futura directora musical y los cuerpos artísticos del teatro.
 
El desenlace llegó el 26 de abril. La Fundación Teatro La Fenice anunció la cancelación de todas las colaboraciones futuras con Beatrice Venezi. Según informó ANSA, la decisión fue atribuida a declaraciones públicas “reiteradas y graves”, consideradas ofensivas y lesivas para el valor artístico y profesional de la Fundación y de su orquesta. La agencia también recogió que la medida llegaba después de meses de polémicas y protestas.
 
El Ministerio de Cultura italiano, que meses antes había celebrado la designación, se alineó con Nicola Colabianchi, máximo responsable de La Fenice. Giuli expresó su plena confianza en él y sostuvo que la decisión había sido adoptada con autonomía e independencia. Al día siguiente, el Ministerio fue todavía más explícito: procuró despegarse de la medida y subrayó que el alejamiento de Venezi había sido resuelto por la conducción de La Fenice, dentro del marco de sus atribuciones y sin intervención directa del gobierno.
 
La dimensión política, sin embargo, no desapareció con esa aclaración. AP reconstruyó el episodio como el final de meses de protestas de músicos y trabajadores, con objeciones por falta de transparencia, dudas sobre la experiencia de Venezi para un cargo de esa magnitud y preocupación por una posible interferencia política en las decisiones artísticas. The Guardian también subrayó la oposición interna, la percepción de cercanía con el gobierno de Meloni y el carácter inflamable de las acusaciones de nepotismo formuladas en la entrevista argentina.
 
Así, el caso Venezi terminó mostrando dos trayectorias opuestas. En Buenos Aires, el Teatro Colón fue sumando antecedentes: un primer contacto con la Filarmónica, luego Turandot, más tarde Il trittico, La traviata, galas institucionales, actividades de extensión y finalmente la apertura lírica de 2026 con el díptico verista. En Venecia, en cambio, la designación en La Fenice nunca logró convertirse en autoridad musical efectiva: nació cuestionada, fue resistida por los trabajadores, quedó envuelta en sospechas de politización y terminó quebrada por declaraciones que la propia orquesta interpretó como un ataque a su honor profesional.
 
La entrevista argentina fue el detonante, pero no el origen. La crisis ya estaba instalada. Lo que cambió fue que, con esas palabras, el conflicto dejó de ser una disputa sobre el procedimiento de una designación o sobre la conveniencia de una renovación generacional. Pasó a ser algo más delicado: la imposibilidad de construir una dirección musical sobre una base de desconfianza pública entre quien debía conducir y quienes debían ser conducidos.
 
Fuentes consultadas: Teatro Colón, Teatro La Fenice, Ministerio de Cultura de Italia, ANSA, RaiNews, La Nación, AP y The Guardian.
 
Víctor Fernández
 
 
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