Avanti a Lui

Del verismo al clasicismo: una semana que va del impacto escénico a la intimidad de cámara
 
Entre el sábado 18 y el lunes 27 de abril, la cartelera se ordena alrededor de tres núcleos muy claros: la nueva producción de I pagliacci y Cavalleria rusticana en el Teatro Colón como gran eje lírico de la semana, la aparición de La bayadera en La Plata como polo coreográfico y, alrededor de ambos, una trama de conciertos y propuestas alternativas que va de Bach, Mozart y Beethoven a Gershwin, Purcell y Haydn. En otras palabras: una semana que no se deja leer como simple acumulación de funciones, sino como un mapa de estéticas muy distintas que conviven en Buenos Aires y sus alrededores.
 
El centro de gravedad, naturalmente, está en el Colón, donde la nueva producción de Hugo de Ana de I pagliacci y Cavalleria rusticana atraviesa buena parte del período, con funciones el 18, 19, 21, 22, 23 y 24 de abril. No es una elección menor: dos títulos fundacionales del verismo, expuestos aquí como una suerte de díptico feroz sobre la violencia, la pasión y la teatralidad misma. El propio Teatro Colón subraya que Hugo de Ana pensó el prólogo de Pagliacci como marco conceptual de ambas obras, uniendo los dos mundos en una misma arquitectura escénica. A eso se suma una conducción musical repartida entre Beatrice Venezi y Marcelo Ayub. Venezi, formada en piano, composición y dirección en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán, llega con una proyección internacional cada vez más visible; Hugo de Ana, por su parte, sigue siendo uno de los grandes nombres argentinos de la régie operística, con formación en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y una carrera que lo llevó a escenarios de primer nivel en Europa.
 
También el reparto contribuye a volver especialmente atractiva esta reposición. La presencia de Liudmyla Monastyrska como Santuzza sitúa a Cavalleria en una zona de alto voltaje vocal: la soprano ucraniana es una figura internacionalmente reconocida por papeles como Aida, Turandot, Nabucco y La forza del destino, con actuaciones en Covent Garden, La Scala y el Metropolitan Opera. Yonghoon Lee, uno de los tenores coreanos de mayor peso en el repertorio italiano, aporta a Turiddu y Canio una línea de canto asociada a papeles como Otello, Andrea Chénier, Don Carlo o Calaf. Junto a ellos aparecen nombres muy firmes del medio argentino, como Fabián Veloz —barítono de carrera internacional y presencia habitual en el Colón—, María Belén Rivarola y Marina Silva, dos sopranos que vienen consolidando una presencia cada vez más robusta en el repertorio lírico local e internacional. Más que una simple apertura de temporada, el Colón parece haber apostado aquí a una exhibición de músculo teatral y vocal.
 
Fuera de ese eje mayor, la semana ofrece otra línea operística, más de proximidad, pero no por ello menos interesante. En el Teatro Picadero reaparece Porgy and Bess con dirección musical de Gustavo Codina y puesta de Gonzalo Berdes, mientras Clásica del Sur presenta Mefistofele de Arrigo Boito en versión semiescenificada y la Compañía Ópera Independiente de San Telmo vuelve a ofrecer L’elisir d’amore en versión abreviada y a piano. Son tres títulos muy distintos entre sí, pero justamente por eso reveladores: Gershwin, Boito y Donizetti dibujan un arco que va de la ópera americana del siglo XX a la reelaboración italiana del mito fáustico y a la comedia belcantista. En una misma semana, la cartelera deja ver así tres modos diversos de pensar qué puede ser hoy una experiencia operística: gran aparato institucional, circuito independiente y formato de cámara.
 
El sábado 18, además, concentra una programación de conciertos particularmente expresiva. La Camerata de la Ciudad, dirigida por Carlos Carmona, arma en la Facultad de Derecho un programa que cruza las Escenas concertantes para el Fausto criollo con el Concierto para dos violines de Johann Sebastian Bach, el doble concierto RV 532 de Antonio Vivaldi, Adiós Nonino de Astor Piazzolla y Nostalgias santiagueñas de los Hermanos Ábalos. Ese recorrido, que une barroco europeo y tradición argentina, parece resumir una vieja aspiración de muchos ciclos porteños: demostrar que el repertorio clásico no tiene por qué vivir aislado del imaginario nacional. En paralelo, la Orquesta de la Universidad Nacional de Lanús propone otra clase de arco: Beethoven en los bordes —la obertura Las criaturas de Prometeo y la Séptima sinfonía— y, en el centro, el Concierto para piano Nº 21 de Mozart con Florencia Travaglianti. Y en el Museo Rómulo Raggio, un programa de cámara con Fauré, Beethoven, Massenet y Debussy desplaza el foco hacia una intimidad más refinada. La sensación de conjunto es la de una ciudad que, por un día, se deja leer como una pequeña capital de repertorios superpuestos.
 
Desde el viernes 24, el otro gran foco es La Plata con La bayadera en versión integral, repuesta por Edgardo Trabalón, con el Ballet Estable dirigido por María Fernanda Bianchi y la Orquesta Estable bajo Darío Domínguez Xodo. Que el Teatro Argentino vuelva a un título de este peso no es un dato menor: La bayadera pertenece a ese núcleo duro del clasicismo que exige escuela, estilo y cuerpo de baile homogéneo. La distribución de las partes de Nikiya, Solor y Gamzatti entre Romina Panelo, Julieta Paul, Melisa Heredia, Miguel Ángel Klug, Emanuel Gómez, Esteban Schenone, Sabina Álvarez, Jazmín Gude Alonso y Nadia Osorio muestra, además, una decisión de sostener el título con varios elencos, es decir, como verdadero repertorio y no como simple evento aislado. La presencia de La bayadera funciona, en este contexto, casi como contrapeso perfecto del verismo del Colón: donde allá domina la herida, aquí regresa la gran ilusión clásica.
 
El sábado 25 ofrece otro momento especialmente atractivo en el recital de Paula Almerares, Gastón Oliveira Weckesser y Miguel Ángel Cagliani en la Fundación Beethoven. El programa, centrado en arias y dúos franceses e italianos, vuelve a poner en primer plano a una artista que ocupa un lugar muy sólido en la escena argentina. Almerares debutó en el Teatro Argentino de La Plata, llegó al Colón en 1993 junto a Alfredo Kraus y desarrolló desde entonces una carrera que la llevó también al Metropolitan Opera, además de recibir reconocimientos como el Premio Konex. Su presencia, en una velada dedicada a Massenet, Gounod, Puccini y Verdi, da a esa noche un tono de gala más que de mero recital: el de una cantante que ya forma parte de la historia reciente de la lírica argentina.
 
El domingo 26, mientras La bayadera suma otra función y L’elisir d’amore mantiene su espacio en el circuito independiente, el Colón ofrece Concierto entre almohadones, con dirección musical de Pablo Bocchimuzzi y Javier Müller. Allí, la combinación de El carnaval de los animales de Saint-Saëns con fragmentos de Offenbach, Mozart, Rossini y Messager confirma algo importante: la formación de nuevos públicos ya no se concibe como concesión pedagógica, sino como un verdadero trabajo de imaginación escénica y musical. El mismo día, Dido y Eneas – Una ópera de emergencia agrega una variante barroca y experimental al panorama. La semana, entonces, no se limita a alternar “grandes títulos” y “títulos menores”: también propone diferentes maneras de entrada al repertorio.
 
El cierre del recorte, el lunes 27, vuelve a mover la brújula. Por un lado, aparece el recital de la soprano francesa Johanne Cassar junto a Jérémie Maillard y Elías Gurevich; por otro, la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación ofrece El genio clásico con Pablo Saraví como director y solista. Maillard aporta una referencia internacional inmediata: es miembro de la Orchestre Philharmonique de Radio France desde 2009 y desarrolla además una intensa actividad pedagógica y camerística en Francia. Saraví, por su parte, no necesita demasiadas presentaciones en el medio argentino: concertino de la Filarmónica de Buenos Aires y de la Academia Bach, fundador del Cuarteto Petrus y miembro de la World Orchestra for Peace, representa una idea de autoridad musical construida a lo largo de décadas. Que el programa del Congreso esté dedicado a Joseph Haydn refuerza, además, la sensación de cierre clásico después de una semana dominada por extremos emocionales, mundos exóticos y grandes pulsiones teatrales.
 
Mirada en conjunto, la agenda del 18 al 27 de abril deja una impresión muy clara: no se trata sólo de una seguidilla de funciones, sino de una semana en la que la programación parece organizada por contrastes. El verismo sanguíneo del Colón, el clasicismo coreográfico de La bayadera, la reapropiación de Gershwin, el barroco de Purcell, la pedagogía imaginativa de Concierto entre almohadones y el retorno a Haydn en el Congreso construyen una secuencia rica y, sobre todo, muy legible. Y todavía hay una pequeña coda: varios de esos títulos no se agotan en este recorte, porque La bayadera continúa el 29 y 30 de abril, Johanne Cassar vuelve a presentarse el 29 e Il barbiere di Siviglia asoma ya el 28 en Rosario. La semana, en rigor, no termina: simplemente cambia de forma.
 
Víctor Fernández
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