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La Quincena Musical de San Sebastián 2026: un agosto de grandes nombres entre el lirismo, la sinfonía y la danza
 
La 87 Quincena Musical de San Sebastián ya dejó ver el perfil de su edición 2026 y todo indica que Donostia volverá a ocupar, entre el 2 y el 30 de agosto, uno de los centros más visibles del verano musical europeo. El festival, uno de los más antiguos de su tipo, ha adelantado una programación que combina grandes reclamos internacionales, repertorio de fuerte atractivo para el público y una saludable expansión hacia otros espacios y otros lenguajes, del sinfonismo al flamenco, de la música coral a la creación más abierta.
 
La apertura tendrá peso propio: el 2 de agosto regresará al festival Juan Diego Flórez, ausente de la Quincena desde hace más de dos décadas. Lo hará junto al pianista Vincenzo Scalera, en un recital construido sobre ópera italiana y francesa, zarzuela y música sudamericana, con nombres como Verdi, Donizetti, Bellini, Rossini, Massenet, Gounod, Serrano y Lecuona. No es una elección menor: la Quincena empieza con una voz de prestigio mundial y, al mismo tiempo, con un programa pensado para tender puentes entre repertorios, tradiciones nacionales y públicos diversos.
 
El ciclo de grandes conciertos del Auditorio Kursaal volverá a ser el gran eje sinfónico. El 6 de agosto, Daniel Harding regresará al festival para dirigir a la Mahler Chamber Orchestra, con Daniil Trifonov como solista invitado, en una de esas combinaciones que, por sí sola, define una edición. Pocos días después, el 13 de agosto, reaparecerá Grigori Sokolov, convertido desde hace décadas en una figura de culto para el pianismo contemporáneo; en esta ocasión, con un programa de Beethoven y Schubert. A ello se sumará el 19 de agosto una de las citas de gran formato de la Quincena: la interpretación de la Grande Messe des morts de Berlioz, que reunirá a Euskadiko Orkestra, Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Orfeón Donostiarra y Easo Abesbatza bajo la dirección de Erik Nielsen.
 
 
La recta final del festival tendrá un indudable acento internacional. Los días 25 y 26 de agosto llegará la Seoul Philharmonic Orchestra, dirigida por su titular Jaap van Zweden. En el primero de sus programas figuran la Sinfonía N 40 de Mozart, Los pinos de Roma de Respighi, el Concierto para violín de Mendelssohn con Bomsori (la violinista surcoreana) e Inferno (obra de apertura de ese mismo concierto), encargo de la propia orquesta al compositor Jung Jae-il; en el segundo, la formación coreana se unirá a Easo Abesbatza y al barítono Matthias Goerne para la Novena de Beethoven. Después, los días 29 y 30 de agosto, llegará la Orquesta Filarmónica de la Scala de Milán con Riccardo Chailly: primero con Dvorak, el Concierto para violonchelo Op. 104 y la Sinfonía N 9, con Julia Hagen como solista; y para la clausura, con las Cuatro piezas sacras de Verdi, junto al Orfeón Donostiarra, y la Sinfonía N 4 de Chaikovski.

Pero la Quincena no quiere quedar encerrada en el gran aparato orquestal. Fuera del Kursaal, el Teatro Victoria Eugenia concentrará dos de las propuestas más significativas del avance: el 12 de agosto, Arriaga harrigarria, concierto conmemorativo del bicentenario de la muerte de Juan Crisóstomo de Arriaga, con Euskadiko Orkestra, Easo Abesbatza y la dirección de Juanjo Mena; y el 17 de agosto, la presencia de Eva Yerbabuena con su espectáculo Yerbagüena (oscuro brillante). El gesto es revelador: junto a la gran tradición clásica, la Quincena sigue abriendo espacio a la danza y a una lectura más amplia de lo escénico.
 
También merece atención el lugar creciente que el festival concede a otros ámbitos de la ciudad y del territorio. La organización ha subrayado una mayor presencia de Tabakalera y la continuidad de sus ciclos de Música Antigua, Música de Cámara, Órgano, Música Contemporánea, Jóvenes Intérpretes, Quincena Andante y Quincena Infantil. Esa red paralela, menos visible que los grandes nombres del Kursaal pero decisiva en la personalidad del festival, confirma que la Quincena no se piensa sólo como una serie de acontecimientos aislados, sino como una ocupación musical de San Sebastián y de Gipuzkoa durante todo el mes de agosto.
 
Hay además una inteligencia programática en este primer avance. La propia organización ha insistido en la combinación entre prestigio, repertorio reconocible y apertura a nuevos públicos, y no parece una fórmula vacía. Flórez, Harding, Trifonov, Sokolov, Goerne, Chailly, la Scala y la Filarmónica de Seúl garantizan brillo internacional; Mozart, Beethoven, Dvorak, Verdi o Chaikovski aportan reconocimiento inmediato; y la presencia de flamenco, ciclos específicos y nuevas sedes impide que la edición se convierta en un museo de nombres ilustres. La Quincena parece haber elegido, una vez más, la vía de la amplitud sin renunciar a la exigencia.
 
En el plano práctico, los Amigos de la Quincena pueden reservar abonos y entradas hasta el 1 de abril, mientras que la venta general comenzará el 19 de mayo. Falta todavía la programación completa, pero el primer trazo ya es suficientemente elocuente: San Sebastián prepara para agosto una edición ambiciosa, de fuerte proyección internacional y con la clara voluntad de seguir siendo algo más que un festival de verano, esto es, un punto de encuentro entre tradición, excelencia y vida musical en movimiento
 
 
 
 
 
Víctor Fernández