Avanti a Lui
Wiener Staatsoper 2025-26
Luisa Miller
Nadine Sierra y Freddie De Tommaso protagonizan una producción disociada de la primera etapa verdiana
Viena, 23 de febrero de 2026
La Luisa Miller de Giuseppe Verdi es una tragedia de amor arrasada por la jerarquía social y la intriga política. La joven campesina Luisa ama a Rodolfo, quien en realidad es hijo del poderoso conde Walter, aunque vive bajo identidad encubierta. La relación es rechazada por el padre del joven, decidido a casarlo con la duquesa Federica por conveniencia política, y por el intrigante cortesano Wurm, que desea a Luisa para sí.
Cuando el padre de Luisa es arrestado, Wurm explota la situación con frialdad: amenaza con ejecutarlo si la joven no redacta una carta declarando falsamente su amor por él y renunciando a Rodolfo. Para salvar a su padre, Luisa accede. La carta convence a Rodolfo de su traición y, en un arrebato de desesperación, envenena a ambos. Sólo al final, cuando la verdad emerge, reconoce la inocencia de Luisa, demasiado tarde para evitar la tragedia.
La inherente “absurdidad” de la ópera del siglo XIX
Vista desde fuera, la ópera italiana decimonónica puede parecer extravagante. Sus argumentos, a menudo inverosímiles como folletines románticos, rebosan emociones extremas, amores absolutos, personajes desgarrados entre pasión y deber, villanos casi diabólicos y una inclinación general a concluir con la muerte de todos.
A ello se suma el hecho de que todo se canta sin amplificación, con una técnica vocal ajena al universo pop contemporáneo, estallando en coloraturas en momentos dramáticamente improbables y frecuentemente interpretado por cantantes cuya edad duplica o triplica la de sus personajes.
Lo que cohesiona este aparente desvarío es, naturalmente, la música. Algunos de los mayores compositores del siglo XIX crearon partituras extraordinarias para estas figuras improbables. La ópera sigue conmoviendo profundamente —siempre que director musical y escénico confíen en la obra y la tomen en serio—. Ello no excluye la ironía ni la reinterpretación contemporánea; pero exige convicción.
Una puesta en escena sin fe en la obra
En Viena, sin embargo, la impresión fue que el director Philipp Grigorian carecía de esa confianza. La producción parecía un flujo de conciencia donde cada idea fugaz encontraba su lugar en escena sin filtro crítico, dando como resultado un conjunto superficial y carente de profundidad.
El único concepto discernible —la historia recordada por el padre de Luisa, devastado por su muerte, sentado en una parada de autobús vienesa— no resultaba ni particularmente original ni coherentemente desarrollado. La “plaza del pueblo” se convertía en un almacén multicolor de estilo Amazon, con empleados uniformados de rojo y amarillo; Rodolfo aparecía como repartidor, evocando a un Super Mario coordinado en colores, o vestido con una armadura caballeresca de plástico blanco brillante; Wurm era el supervisor del depósito.
El palacio del conde Walter, en el segundo acto, se transformaba en una sauna con bailarinas estilo Moulin Rouge ofreciendo masajes, mientras que en el tercero la duquesa Federica entraba caracterizada como una valquiria en charol rosa intenso.
Luisa estaba acompañada permanentemente por cinco bailarinas con tutús multicolores —blanco, rosa, amarillo, verde y azul— como hadas madrinas deformadas de La bella durmiente. Cuando contemplaba el suicidio, reaparecían convertidas en figuras esqueléticas de negro. Y luego estaba el oso de peluche rojo, mejor no describirlo.
La sensación general era que Grigorian parecía burlarse de la obra y, por extensión, del público. No tanto en clave provocadora —como podría hacerlo Calixto Bieito en sus momentos más extremos— sino desde una condescendencia implícita: “¿cómo pueden tomar esto en serio?”. Se percibía poca implicación con la ópera y menos aún respeto por ella.
Integridad musical desde el foso
Afortunadamente, Michele Mariotti ofreció desde el podio el compromiso que faltaba en escena. Su afinidad con la partitura fue evidente: extrajo de la Orquesta de la Wiener Staatsoper un sonido de impronta italiana, cargado de tensión y presagio, pero refinado por la sensibilidad y el cuidado dinámico. Moldeó con claridad los arcos dramáticos verdianos y sostuvo constantemente a los cantantes con atención minuciosa.
Una Luisa triunfal
Nadine Sierra brindó una Luisa espléndida. Su técnica impecable sostuvo incluso las coloraturas más exigentes, siempre al servicio del drama y nunca como mero lucimiento. Sus agudos brillaron con fulgor, mientras que los matices más sombríos de su timbre aportaron auténtico peso emocional al personaje. Fue, en suma, una actuación triunfal.
Un Rodolfo apasionado pero irregular
Freddie De Tommaso encarnó un Rodolfo de tenor robusto, capaz de transmitir la pasión juvenil del personaje con agudos firmes y bien enfocados. No obstante, en el terreno del bel canto pareció menos cómodo: en “Quando le sere al placido” faltó el legato sostenido que Verdi exige. Se echó en falta un control respiratorio más refinado y una mayor sutileza dinámica. Aun así, su desempeño resultó convincente y fue cálidamente recibido.
Un padre verdiano
George Petean dio vida a Miller con un barítono aterciopelado ideal para este arquetipo paterno verdiano, que anticipa claramente el Rigoletto compuesto apenas dos años después. El dúo “La tomba è un letto” prefigura el universo emocional de esa obra maestra posterior. Petean y Sierra ofrecieron una interpretación profundamente conmovedora, marcada por fraseo expresivo, legato cuidado y autoridad estilística.
Villanos sólidos, voces poderosas
La duquesa Federica fue interpretada por Daria Sushkova, cuya voz de mezzosoprano profunda contrastó eficazmente con el brillo de Sierra. En su dúo con Rodolfo expresó amor, celos y nobleza con registro medio y grave sólido y poderoso.
Los dos grandes villanos, el conde Walter y Wurm, ambos bajos, encontraron intérpretes convincentes. Roberto Tagliavini aportó a Walter elegancia belcantista, legato aterciopelado y un equilibrio logrado entre nobleza y amenaza. Marko Mimica fue un Wurm siniestro y convincente, su bajo metálico perfectamente adecuado a la oscuridad del personaje.
Créditos:
Medio: Opera Wire
Título original: Wiener Staatsoper 2025-26 Review: Luisa Miller
Autora: Laura Servidei
Fecha de publicación: 23 de febrero de 2026
Víctor Fernández