Avanti a Lui

ENO lleva Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny al límite
 
La sátira capitalista de Brecht y Weill sacude el Coliseum de Londres
 
Por Richard Fairman
Publicado el 17 de febrero de 2026
 
¿Dónde se encuentra la mítica ciudad de Mahagonny? En la nueva producción de la English National Opera (ENO), el escenario del Coliseum de Londres se reduce a poco más que una gran caja y una serie de consignas lanzadas de forma provocadora al público: “Your choice, your freedom”, “Drink up, shut up”. La ópera —parece sugerir la escenografía— puede situarse en cualquier lugar y en cualquier tiempo.
 
A sus creadores, Kurt Weill y Bertolt Brecht, esa indefinición les habría complacido. Concebida originalmente como una sátira del capitalismo estadounidense, la obra fue adquiriendo un sentido más amplio a medida que el clima político alemán se enrarecía tras 1930. Brecht llegó a describir su mensaje como “internacional en el sentido más amplio”.
 
En la ciudad de Mahagonny, el dinero lo es todo: compra alcohol en el bar, sexo con prostitutas y también engrasa un sistema judicial corrupto donde el soborno puede absolver a un asesino, mientras que quien no paga su ronda de bebidas es condenado a morir en la silla eléctrica. Sociedades como Mahagonny no pertenecen a una época concreta: reaparecen, con distintos rostros, una y otra vez.
 
El director Jamie Manton ha evitado anclar la producción en una referencia contemporánea específica. La austeridad del montaje subraya la universalidad buscada por Weill y Brecht. De hecho, el libro de producción publicado tras el estreno de 1930 ya proponía una escenografía “tan simple que pudiera trasladarse del teatro a cualquier plataforma improvisada”.
 
Música punzante, palabra afilada
 
La partitura de Weill plantea otro desafío: de dimensiones operísticas, pero necesitada de una dicción que golpee como en un cabaret berlinés de los años treinta. En el Coliseum se utiliza una amplificación medida que favorece la inteligibilidad de los diálogos, y la traducción ágil y terrenal de Jeremy Sams alcanza con precisión cada matiz.
 
El papel central es el de Jimmy Mahoney/MacIntyre, un leñador de Alaska que termina comprendiendo que la ciudad del placer es el lugar más corrupto de la tierra. Se trata de una parte extenuante en su tesitura aguda, y la ENO cuenta con un intérprete ideal: Simon O’Neill, tenor de proyección wagneriana, infatigable y de claridad penetrante.
 
Danielle de Niese aporta carisma estelar al personaje de Jenny, depositaria de los números más memorables —“Moon of Alabama” y la canción de Benarés—, mientras Rosie Aldridge encarna a Begbick, fundadora de la ciudad, con una mordacidad cortante y feroz cinismo capitalista. Sus cómplices, interpretados por Mark Le Brocq y Kenneth Kellogg, están igualmente bien delineados. Los compañeros de Jimmy procedentes de Alaska reciben caracterizaciones vívidas por parte de Elgan Ll?r Thomas, Alex Otterburn y David Shipley.
 
Una producción que va “a la yugular”
 
En la amplia sala del Coliseum no hay más opción que desplegar sin reservas el caleidoscopio musical de Weill —jazz, cabaret, ragtime y sátira operística—, y eso es precisamente lo que logra André de Ridder, en su primera aparición como nuevo director musical de la ENO. Los coros hacen vibrar la sala. No cabe duda: esta producción va directamente a la yugular.
 
Queda, sin embargo, un problema. Dos horas de la filosofía nihilista de Brecht pueden resultar extenuantes. Su conclusión —que todos son venales y nadie se preocupa realmente por nadie— difícilmente enviará al público a casa con espíritu jovial. Más inquietante aún es la lectura de la obra como advertencia profética sobre lo que estaba por llegar en la Alemania de los años treinta. A la luz del mundo actual, esa advertencia provoca un escalofrío.
 
 
 
Créditos
Por Richard Fairman
Publicado el 17 de febrero de 2026
 
Este artículo es la traducción al castellano de una reseña publicada originalmente en The Guardian. Traducción realizada para su difusión en español. Título original y link de acceso a la nota: ENO’s Rise and Fall of the City of Mahagonny goes for the jugular

Víctor Fernández
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