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Notas
Farinelli, un castrato de leyenda
Philippe Jaroussky revisita* la voz y el destino de un mito del barroco
Por Clémence Guinard
¿Por qué el castrato Farinelli fue tan excepcional? Esa es la pregunta que guía la reflexión del contratenor Philippe Jaroussky, quien vuelve sobre la figura de uno de los cantantes más célebres de todos los tiempos en el podcast Farinelli, le journal intime d’un castrat. Para Jaroussky, no se trata solo de una voz extraordinaria, sino de un destino singular, convertido en mito ya en vida.
En el siglo XVIII, el italiano Carlo Broschi (1705–1782), conocido artísticamente como Farinelli, fue una auténtica superestrella. Es, aún hoy, el nombre que resume el fenómeno de los castrati: cantantes sometidos en la infancia a la castración para conservar los registros agudos de la voz. “Farinelli es un mito, una leyenda; se lo cita entre los más grandes cantantes de toda la historia de la música, junto a Maria Malibran o Caruso”, afirma Jaroussky.
Una voz sin precedentes
Para el contratenor francés, la primera piedra que funda la leyenda de Farinelli es, naturalmente, su voz. Los testimonios contemporáneos la describen como absolutamente fuera de lo común. “Desarrolló capacidades de ambitus y de virtuosismo inigualables. Había enormes saltos, del grave al agudo. Y, contrariamente a ciertas ideas recibidas, Farinelli descendía muchísimo al registro grave: utilizaba su ‘voz de tenor’ y tenía un amplísimo registro en voz de pecho”, explica Jaroussky.
Pero la grandeza de Farinelli no se limitaba a la pirotecnia vocal. Formado desde muy joven en la música, en particular por su maestro Nicola Porpora, desarrolló una musicalidad que lo distinguía claramente de otros castrati. “Tenía un refinamiento extremo en los pasajes lentos. El arte de los castrati no se reduce a la virtuosidad: también reside en la belleza de los aires lentos, en la sensualidad y en la profundidad de una voz capaz de conmover al público”, subraya Jaroussky.
A ello se sumaba un perfil poco habitual: Farinelli no fue solo cantante. Fue también compositor de piezas instrumentales y arias, y dominó instrumentos como el clavecín y la viola d’amore, confirmando una personalidad musical verdaderamente pluridisciplinaria.
El triunfo y la retirada
En los grandes escenarios de Europa y ante los poderosos de su tiempo, Farinelli consolidó su leyenda con obras emblemáticas como Sposa, non mi conosci de Giacomelli, o Alto Giove de su maestro Porpora, “uno de los aires más bellos jamás compuestos para un castrato”, según Jaroussky.
Sin embargo, el mito dio un giro decisivo en 1737, cuando Farinelli decidió abandonar los escenarios. Tenía apenas poco más de treinta años. El desgaste de la presión constante por ser siempre el mejor y una competencia feroz —siempre dispuesta a destronarlo— explican en parte esa decisión. Pero hubo también razones políticas.
La voz como remedio: Farinelli en España
Convocado a la corte de España, Farinelli llegó inicialmente a Madrid por unas pocas semanas para cantar ante el rey Felipe V, aquejado de una profunda melancolía que hoy no dudaríamos en llamar depresión. “El rey casi no se levantaba, no se aseaba, era incapaz de gobernar. Y se descubre muy pronto que encuentra un alivio real en la voz de Farinelli. Estamos ante una forma de musicoterapia antes de que existiera el término”, relata Jaroussky.
La leyenda cuenta que Farinelli cantaba cada noche los mismos aires al rey antes de que se acostara. Su influencia se extendió luego durante los reinados de Carlos V y Fernando VI. Convertido en una suerte de impresario en la corte, Farinelli organizó espectáculos, invitó a los músicos que deseaba y ejerció un notable poder cultural y político. Permaneció en España más de veinte años.
Tras la muerte de Fernando VI, fue invitado a abandonar la corte. Partió con pesar y regresó a Italia.
El legado de un mito
Farinelli se estableció finalmente en Bolonia, donde recibió tanto a jóvenes castrati que lo veneraban como a grandes figuras de su tiempo, entre ellas Christoph Willibald Gluck, Giacomo Casanova y el joven Wolfgang Amadeus Mozart. Murió rodeado de admiración y respeto.
“Farinelli sigue siendo, de todos modos, uno de los cantantes más excepcionales que haya existido jamás sobre la faz de la tierra”, concluye Philippe Jaroussky. Más de dos siglos después, su voz —real o reconstruida por la imaginación— continúa resonando como un símbolo irrepetible del arte vocal.
Crédito:
Nota del editor: *Jaroussky retoma a Farinelli y lo analiza de nuevo, aportando su mirada actual como intérprete
Este artículo es la traducción al castellano de una reseña publicada originalmente en France Musique. Traducción realizada para su difusión en español. Título original: Farinelli, le journal intime d'un castrat raconté par Philippe Jaroussky
Nota del editor: *Jaroussky retoma a Farinelli y lo analiza de nuevo, aportando su mirada actual como intérprete
Este artículo es la traducción al castellano de una reseña publicada originalmente en France Musique. Traducción realizada para su difusión en español. Título original: Farinelli, le journal intime d'un castrat raconté par Philippe Jaroussky
Víctor Fernández