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Notas

Crítica de La flauta mágica en Salzburgo

Rolando Villazón pone en escena a Mozart

El 27 de enero se cumplen 270 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart en Salzburgo, y desde hace ya 70 años la Fundación Mozarteum celebra al hijo más célebre de la ciudad con conciertos y representaciones operísticas en el marco de la Semana Mozart. Con motivo de este año jubilar, el intendente Rolando Villazón asumió personalmente la nueva puesta en escena de La flauta mágica, que tuvo su estreno en la Haus für Mozart. Una velada situada entre el máximo brillo y cierta falta de tensión.

Estamos en la casa de la familia Mozart, no en Salzburgo sino en Viena, en el año 1791, y faltan apenas unas horas para que Wolfgang Amadeus Mozart muera demasiado pronto. Mientras su ópera La flauta mágica se representa con éxito, el compositor, gravemente enfermo, permanece en la cama, cuidado con ternura por su esposa Constanze y sus dos hijos pequeños. En su mente, sin embargo, regresa una y otra vez a los personajes de sus óperas.

Este es el marco elegido por Villazón para su Flauta mágica del año jubilar. Incluso antes de la obertura, Mozart —encarnado por Vitus Denifl— se sienta al piano y compone el célebre Lacrimosa de su Réquiem.

La glorificación de la música de Mozart

Villazón otorga a cada personaje un significado alegórico. Pamina encarna la glorificación de la música; por eso su vestido azul está adornado con partituras. Monostatos —tal como figura aquí según el autógrafo— representa el rostro actual del genio Mozart mercantilizado: sus esclavos son muñecos de Mozart que bailan y que él mismo comercializa. Solo el hombre de la naturaleza, Papageno, puede permitirse seguir siendo, como siempre, el simpático pájaro que simplemente se divierte.

Diálogos débiles en la obra

Theodore Platt como Papageno, Kathryn Lewek como la Reina de la Noche y Emily Pogorelc como Pamina encabezan un elenco internacional de solistas sólidamente convincente desde el punto de vista vocal, aunque con debilidades en los diálogos. Frente a esto, el director no hizo demasiado: los personajes hablan con un tono artificioso, enfáticamente operístico, propio de figuras conceptuales, un registro que también se asocia al propio Villazón como intérprete.

El foco de esta reinterpretación de La flauta mágica está puesto en los hilos de conexión histórica: ya sea a través de citas del histórico decorado de Schinkel en la aparición de la Reina de la Noche envuelta en una lluvia de notas, o mediante los numerosos detalles de la vida de Mozart que, a partir de testimonios de época, también pueden verse en los museos de la Fundación Mozarteum.

Un final sorprendente

En ocasiones, la propia trama operística pasa a un segundo plano, al igual que el sonido de corte historicista de la Orquesta Mozarteum de Salzburgo bajo la batuta de su director titular, que a lo largo de las algo más de tres horas oscila entre el máximo brillo y cierta falta de tensión.

Pero cuando, hacia el final, el desenlace de la ópera se interrumpe y el “Wolferl” (“Wolferl” es el apodo íntimo y familiar de Wolfgang Amadeus Mozart *) exhalado asciende al cielo al compás de su Lacrimosa, el público contiene la respiración… para luego soltar una carcajada: el Mozart resucitado, enfundado en un levitón rojo, reaparece alegremente haciendo piruetas bajo la parrilla del escenario. Original, sin duda lo es.


Fuente:
Artículo de Franziska Stürz.
Emitido originalmente en el programa Piazza el 24 de enero de 2026 a las 6:05 por BR-KLASSIK.
Artículo original: Rolando Villazón inszenziert Mozart
* Nota de la redacción