Avanti a Lui
Notas

Woolf Works, Royal Ballet and Opera
Un concepto valioso
 
Sir Wayne McGregor es un titán del mundo de la danza… y también una figura divisiva. Para algunos es el próximo Mesías; para otros, el ejemplo perfecto del traje nuevo del emperador. Habitualmente me inclino hacia esta última postura, pero Woolf Works, el tríptico creado en 2015, es quizá su obra más lograda hasta la fecha.

¿Por qué? Porque representa una clara desviación dentro de su trayectoria: McGregor se aventura aquí en una obra de larga duración y, además, con un anclaje narrativo. Eso sí, no hay que esperar un relato literal —demasiado evidente para su estética—. Junto a la dramaturga Uzma Hameed, el coreógrafo toma como eje inspirador a la escritora Virginia Woolf y tres de sus obras fundamentales: Mrs Dalloway, Orlando y The Waves.

Uno de los aspectos más fascinantes del espectáculo es el cruce constante entre realidad y ficción. El papel principal, interpretado por Natalia Osipova, el de Virginia Woolf / Clarissa madura en la primera obra, I Now, I Then. Desde el inicio, las fronteras entre la vida real de Woolf y los mundos que creó quedan deliberadamente difuminadas. Es un planteo intelectualmente estimulante.
 
Esta obra explora múltiples personajes de Mrs Dalloway y coquetea con la idea del viaje en el tiempo, un concepto que se prolonga tras el intervalo. La escenografía angular de Ciguë pronto se ve envuelta por una marea emocional, mientras el lenguaje coreográfico de McGregor se nutre de asociaciones, recuerdos y ecos. Aquí aparece por primera vez la música de Max Richter, que, a mi entender, es el auténtico eje sobre el que gira el éxito de toda la velada: melodías hipnóticas, atmósferas envolventes y fragmentos de los propios textos de Woolf conforman un tejido sonoro inagotable.
 
La segunda parte, Becomings, se apoya en Orlando. Recuerdo haber quedado profundamente impactado en 2015, y esa impresión permanece intacta. Los láseres de Lucy Carter, atravesando la cuarta pared, y la dimensión casi intergaláctica de la partitura de Richter generan una sensación de vastedad temporal abrumadora. Los bailarines del Royal Ballet están plenamente a la altura: con convicción, potencia física, gracia y descaro, asumen las extremas exigencias corporales de la coreografía. Becomings es, en sí misma, un acontecimiento, siempre que uno no se detenga en exceso a analizar lo que quizá falte en términos de fraseo o estructura coreográfica.
 
Cierra la velada Tuesday, basada en The Waves, donde el foco vuelve a posarse sobre Woolf como individuo. La pieza se abre con la lectura de su nota de suicidio —en la voz de Gillian Anderson—, un recurso que algunos consideran ofensivo. Personalmente no lo creo: aporta una comprensión profunda del estado vital y emocional de la autora en sus últimos días. La coreografía se convierte aquí en un estudio de la depresión, traducida en movimiento: el vaivén del agua, el desgaste físico, la sensación de una nube negra que todo lo invade.
 
McGregor logra transmitir con precisión ese estado mental, pero, como bien sabemos, pocas cosas superan a Osipova en el arte de la angustia en cámara lenta. En 2015 creó el papel principal de Becomings; en 2026 nos encontramos con una artista muy distinta. Desde hace tiempo, Osipova parece avanzar hacia una etapa de actriz-bailarina, donde el “cómo” queda subordinado al “por qué”. La intención lo es todo, y el cuerpo se convierte en método. Este enfoque tiene virtudes y límites, pero podría verla expresar emociones hasta el infinito sin cansarme. Demándenme.
 
En definitiva: si aún no han visto Woolf Works, deberían hacerlo. No creo que exista nada comparable en la actualidad y, como ya quedó claro, la música de Richter es el elemento decisivo que sostiene toda la obra. Saquen ustedes sus propias conclusiones.
 
Woolf Works se presenta en el Royal Ballet and Opera hasta el 13 de febrero.


 
Créditos
Texto original:Review: Woolf Works, Royal Ballet and Opera – A worthwhile concept
Publicación: Broadway World
Autor: Matthew Paluch
Fecha: 19 de enero de 2026