La Ópera de Zúrich ha decidido mirar hacia el futuro con un gesto de continuidad y renovación: Lorenzo Viotti ha sido nombrado Director General Musical para las temporadas 2028/29 y 2029/30, sucediendo a Gianandrea Noseda, cuyo mandato comenzó en 2021. El contrato inicial, de dos años, se desarrollará en paralelo a la gestión de Matthias Schulz como Intendente, delineando una nueva etapa para la casa lírica suiza.
Para Viotti, Zúrich no es un destino ajeno ni circunstancial. “Con los años, Zúrich se ha convertido en un centro artístico fundamental para mí”, ha señalado el director, que ya dejó su impronta en el foso del teatro con Werther en 2018, Die Csárdásfürstin en 2020 y Die tote Stadt en 2025. En sus palabras, la ciudad y su teatro encarnan “una cultura artística única, en la que música y humanidad están inextricablemente unidas”, una definición que explica tanto la afinidad como el compromiso que ahora asume. Acompañar a la institución como Director General Musical —subraya— será un privilegio y una oportunidad para seguir construyendo sobre la sólida labor desarrollada por Noseda.
Nacido en Lausana, en el seno de una familia franco-italiana de músicos, Viotti se formó primero como pianista, cantante y percusionista en Lyon, antes de volcarse definitivamente a la dirección orquestal en Viena y Weimar. Su ascenso internacional fue rápido y sostenido, impulsado por el reconocimiento en concursos de referencia como el Premio Nestlé para Jóvenes Directores del Festival de Salzburgo, el Concurso de Dirección de la Orquesta Sinfónica de la MDR y el Concurso Internacional de Cadaqués.
Hasta 2025 fue titular de la Orquesta Filarmónica de los Países Bajos, y a partir de la temporada 2026/27 asumirá la dirección musical de la Orquesta Sinfónica de Tokio. En el terreno operístico, su etapa como director principal de la Ópera Nacional Holandesa (2021-2025) estuvo marcada por producciones particularmente celebradas, como Peter Grimes y Die Fledermaus, que confirmaron su afinidad con el teatro musical y su capacidad para conjugar tensión dramática, claridad estructural y lirismo.
Con este nombramiento, la Ópera de Zúrich apuesta por una figura que combina juventud y experiencia, raíces europeas y proyección global, en un momento en el que la continuidad artística y la identidad sonora se revelan más necesarias que nunca.